La gran deuda silenciosa

En la Región de Murcia se habla hoy con naturalidad de “escena musical”, de festivales, de nuevos talentos y de modernidad cultural. Todo eso existe. Y es bueno que exista.
Pero pocas veces se mira hacia atrás.

Antes de que hubiera carteles, circuitos, salas y festivales, hubo músicos que tocaron cuando no convenía tocar.
Antes de que existiera una “escena”, hubo escenarios improvisados, viajes mal pagados, locales precarios y familias que no entendían qué estaba pasando.
Antes de que la música moderna tuviera nombre en esta tierra, hubo hombres jóvenes que se dejaron la piel, el dinero y muchas veces la reputación social por algo que entonces parecía una locura.

Ellos abrieron el camino cuando no había camino.
No heredaron nada: lo construyeron todo.

Hoy la música moderna forma parte natural del paisaje cultural de la Región. Pero muchos de aquellos nombres que hicieron posible ese paisaje han ido quedando en silencio. No por falta de valor, sino por falta de memoria.

No se trata de nostalgia.
No se trata de mirar al pasado con melancolía.
Se trata de justicia cultural.

Porque una tierra que celebra su presente sin cuidar su origen pierde algo más que historia: pierde identidad.

Los Pioneros del Rock de la Región de Murcia no necesitan homenajes retóricos ni recuerdos ocasionales.
Necesitan memoria viva.
Reconocimiento digno.
Presencia real en el relato cultural.

No como mito.
No como anécdota.
Sino como lo que fueron: cimiento.

Porque sin ellos no habría escena.
Solo habría vacío.

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