En la primavera de 1968, el Dúo Dinámico se encontraba en Londres ultimando los detalles del Festival de Eurovisión. La canción que representaría a España, La, la, la, llevaba su firma. La interpretaría Massiel.
El festival se celebró en el Royal Albert Hall. La delegación española se alojaba en un hotel cercano, donde la víspera tuvo lugar el habitual cóctel entre artistas, compositores y representantes.
Fue allí donde se produjo una escena poco conocida.
Un joven español, estudiante en Londres, se acercó a Manolo de la Calva y Ramón Arcusa con una seguridad casi imprudente:
—Van a ganar el festival. Y yo seré cantante. Ya oirán hablar de mí.
No era la primera vez que escuchaban algo así. Durante años, tras conciertos y galas, muchos aspirantes se habían acercado con el mismo sueño.
Pero esta vez la historia fue distinta.
España ganó el festival. La, la, la se convirtió en símbolo de una época.
Y aquel joven cumplió su profesía.
Se llamaba Julio Iglesias.
Años más tarde, cuando Julio inició su carrera internacional, sería precisamente Ramón Arcusa quien produciría gran parte de sus discos durante casi dos décadas. Una alianza artística que contribuiría decisivamente a convertirlo en el cantante español más internacional del siglo XX.
Lo que comenzó como un saludo entusiasta en un hotel londinense terminó siendo una de las colaboraciones más influyentes de la música en español.
A veces la historia se escribe en voz baja, mucho antes de que los focos se enciendan.
©tony capel riera. Fuente: Soy un truhan, soy un señor. (Ramón Arcusa)