Nacidos en 1960, con pocos medios y mucha intuición, abrieron un camino musical que ya no tendría vuelta atrás.
Corría el año 1960 cuando, en la Región de Murcia, la música dio un salto que ya no tendría vuelta atrás. Sin saberlo del todo, sin manuales ni referentes cercanos, nacía el primer grupo de rock que introdujo las guitarras eléctricas en nuestra tierra. Se llamaban Los JORISTER’S.
El grupo surgió por iniciativa de Andrés Marín, teclista inquieto y con una visión poco común para la época. Fue él quien se acercó a Jesús Campillo, entonces miembro de la rondalla de Coros y Danzas Virgen de la Fuensanta, para proponerle algo que sonaba casi a herejía musical: formar un grupo de rock. A la propuesta se sumaron Micky Latorre, voz y guitarra rítmica, y Joaquín Clares, al contrabajo.
El mayor reto fue encontrar batería. Y apareció Pepito Menárguez, sin conocimientos técnicos, pero con un sentido del ritmo natural y una intuición extraordinaria. Su primera batería fue una cazuela y dos listones de madera. Y, aun así, sonaba. Aquello ya decía mucho.
Los primeros ensayos tuvieron lugar en el barrio de Vistabella, en el zaguán de un bloque de viviendas frente a la iglesia. No había guitarras eléctricas ni batería como tal, pero sí una determinación que acabaría marcando época.
El nombre JORISTER’S procede de un término griego que alude a los primeros músicos de la Antigüedad. Ellos decidieron añadirle un apóstrofe para darle un aire más anglosajón, acorde con los tiempos que venían.
Tras la salida de Micky Latorre, el grupo siguió adelante gracias, en parte, al apoyo económico del padre de Jesús Campillo, que actuó como prestamista en aquellos comienzos. Con la incorporación de Cristóbal Pagán, llegaron los años de mayor actividad: actuaciones constantes y la grabación de tres discos, algo impensable para un grupo murciano de rock en aquellos años.
Especialmente recordadas fueron sus actuaciones en Cartagena —Teatro Circo, Puerto, fiestas patronales— y una noche memorable en el cine Mariola, donde acompañaron a Rocío Dúrcal en sus primeras actuaciones, sin ensayos previos y sin conocer el repertorio. A pesar de tratarse de estilos opuestos, el resultado fue un auténtico éxito.
Para grabar los discos viajaron a Madrid en uno de aquellos taxis grandes de época. El contrabajo, de madera, iba atado a la baca, sujeto con cuerdas y cubierto con una lona. Allí se encontraron con la sorpresa: no grabarían un solo disco, sino tres, destinados al mercado latinoamericano, ya que en España aún no se vendían.
Cuando el grupo se encontraba en lo más alto, el servicio militar comenzó a desmembrar la formación. Aun así, siguieron actuando, cambiando y comprando guardias para no faltar a los escenarios. Más tarde se incorporó Sergio García, mucho más joven, prodigio del punteo, y Jesús Campillo pasó al bajo.
La formación final quedó integrada por Pepito Menárguez (batería), Pepe Garrido (guitarra rítmica), Sergio García (guitarra solista), Jesús Campillo (bajo) y Juan Antonio López (voz).
Las anécdotas de aquellos años son innumerables. Una de las más recordadas ocurrió cuando Pepito Menárguez, destinado en Ibiza durante la mili, tocaba en la banda de tambores. En una procesión de Semana Santa comenzó a introducir redobles y contratiempos tan marcados que los soldados parecían bailar al desfilar. El capitán, sable en mano, tuvo que intervenir.
Genio y figura.
Hoy viven todos los miembros excepto Pepe Garrido, fallecido el año pasado, y Andrés Marín, que murió en plena juventud. Descansen en paz.
Cuando los organizadores de la III Gala de los Premios de la Música de la Región de Murcia me pidieron proponer un grupo para una mención especial, no tuve la menor duda.